MARIONETA
Eran las doce de la mañana y Daniel
interrumpió lo que estaba haciendo. Dejó todo bien ordenado sobre su
escritorio. Era norma en su comportamiento esta aptitud. Se dirigió al armario
y eligió la ropa que pensaba más apropiada para la ocasión. Se perfumó, última
mirada al espejo, retoque en las sienes con ambas manos, apaga la luz, se dirige al recibidor,
coge las llaves del coche, abre la
puerta y llama al ascensor.
Ya se encamina a su cita. La
decisión que ha tomado es muy meditada y nada le hará cambiar de opinión.
Cuando llega al portal de Paulina pulsa
el portero automático, al momento se oye una voz suave: ya bajo.
Ya en el coche Paulina sonríe y
pregunta: ¿que tal, todo bien? Daniel con media sonrisa contesta:- bueno ya te
comenté que tenía que mantener una conversación muy importante contigo-.
¿Muy importante? – repite ella-
-Si, trascendental, pero en este
momento no.Lo haremos durante la comida.
El dialogo fue nulo durante el resto
del recorrido.
Comieron casi en silencio, en la
cabeza de el las cosas claras, en la de ella la luz se abría paso.
¿Tomamos el café en una cafetería?
Estaremos más cómodos. Propone Daniel. –Tu mismo- contesta ella.
Ya sentados en un cómodo e íntimo
rinconcito saboreando un rico café Daniel toma la palabra.
Creo que ya te puedes imaginar lo
que te quiero decir. Las cosas no funcionan como deberían funcionar. Por lo
menos para mí. Esta relación ha llegado a su fin. Esta agotada. Creo que
ninguno de los dos es culpable, lo intentamos con sinceridad y honestidad, pero
no ha sido suficiente. Lo lamento pero no puedo continuar con algo que no
aporta todo lo que yo espero y deseo para mi vida.
Ella no trató ni siquiera de
preguntar cuales eran los motivos que llevaban a la ruptura, para qué. Desde el
principio ella solamente había dejado que el marcara los ritmos, era difícil
llevarle la contraria, su carácter arrogante lo hacía difícil.
Sabía que no cambiaría de opinión.
El era así, por lo tanto.
Se levantó se colgó el bolso,
sonrío, le puso una mano sobre el hombro y dijo;- que seas feliz, confío que un
día encuentres lo que buscas.
El la vio salir, pidió la cuenta y
se encaminó despacio al parking.
Es domingo y Carmela se afana en que
todo esté brillante, pulido.
Se da una vuelta por la cocina para
ver como va el asado que tiene en el horno, sonríe, todo está saliendo
perfecto, como casi siempre.
Viene su hijo a comer y le está
preparando las cosas que le gustan.
Ella sabe muy bien cuales son sus
gustos. Ha dedicado toda su vida a cuidarle .Recuerda; ¡era tan pequeño cuando
su padre falleció¡ y ella era tan joven¡ En su mente desde el primer momento
sabía a que iba a dedicar todos sus esfuerzos, toda su vida. Su marido aparte
de hacerla feliz le había dejado la vida resuelta. No tendría que trabajar, por
lo tanto su dedicación sería completa a su niño.
Y así fue, colegio, deberes, deportes,
y cualquier cosa que él le pidiera al momento ella se lo proporcionaba. Eso no
quería decir que todo fuera fácil.
--Daniel cariño, tienes que
esforzarte, hay que sacar buenas notas, mejor aún tienes que ser de los mejores
por no decir el mejor ya sabes que eso es lo que “papá” espera de ti.
Siempre que se refería a su marido
lo hacía en presente. El no se había marchado, seguía con ellos, y trasmitía
sus deseos través de Carmela
Creció con la presencia constante de
su madre cerca de él. La verdad es que no disfrutó de muchas amistades. Los
compañeros de estudios en el horario escolar. Los días festivos siempre tenían
planes. Carmela tan centrada en su hijo tampoco había desarrollado amistades.
Para qué, con su hijo a su lado tenía todo lo que necesario. De esta manera organizaba la vida al completo.
Los fines de semana estaban llenos
de cosas que hacer. Cine, teatro, salidas a la montaña, museos, conciertos,
etc.
Con el paso del tiempo las cosas
cambiaron, Daniel había terminado sus estudios con unas notas brillantes y el
puesto de trabajo llegó rápidamente. También llegaron los cambios. ,
Un día en el transcurso de la comida Daniel comentó: mamá estoy
pensando en comprarme un piso, -como
inversión- ya sabes.
Carmela endureció la mirada pero su
voz sonó suave y calmada al responder:
Me parece estupendo hijo, es bueno
pensar en el futuro. Me gustaría ser abuela, por lo tanto a parte del piso
tendrás que ir pensado en buscarte una novia..
Lo que de verdad pensaba era que no
iba a consentir que ninguna mujer la reemplace. Yo que me he dedicado completamente a ti y eres todo lo que tengo, no
consentiré que esta situación cambie.
Claro, se decía, tengo que usar la
inteligencia, no puedo oponerme frontalmente, si lo hiciera, perdería. Te
conozco muy bien, contigo siempre me ha funcionado la dulzura, el hacerte creer
que eras “TU” quien dirigía tu vida.¡ Pobre,¡
fuiste una marioneta en mis manos. Los
hilos los movía yo.¡¡ Claro siempre por tu bien.¡¡
Y así fue, Daniel se compró el piso
y con tacto le comunicó a su madre que ya era hora de independizarse.
Estupendo cariño, si me dejas te
ayudo a instalarte, ofreció.
Cuando cerró la puerta de su
dormitorio las lágrimas empaparon su rostro, su corazón parecía que fuese un
higo seco al que era imposible arrancarle un latido.
Pero Daniel no lo supo nunca,
Carmela tenía que mover muy bien los hilos, la marioneta tenía que seguir
pensando que se movía con total libertad.
Cuando se fijo en una chica por
primera vez se sentía maravillado, era tan fantástica se encontraba en una
nube, todo ideal.
Decidió presentársela a su madre y
¡que bien¡ se habían caído fenomenal.
Que alivio, pensó Daniel.
Pero al poco tiempo Carmela con
mucha suavidad le hizo ver los defectillos, Daniel hijo no has notado que no
está a tu altura, tu te mereces algo mejor, pero vamos es una pequeña opinión.
No me hagas demasiado caso.
Y claro efectivamente el constato
esas diferencias. No porque su madre le pusiera en alerta. No. El no se dejaba
manejar fácilmente.
Hubo varias más porque Daniel era un
chico guapo, inteligente, con una posición envidiable. Al principio todo iba bien pero todo se
desinflaba cuando “mama” le hacía alguna observación…..
Lucía conocía desde el parvulario a
Daniel, siempre le había gustado pero nunca había conseguido ser su amiga, y no
por el, sino por la capa de protección con que su madre le cubría.
Había estado atenta a su trayectoria
en todos los sentidos, laboral, amorosa, y fue elaborando un plan para “cazar a
su presa”. Su meta era Daniel, claro está, pero ella que de tonta no tenía
nada, sabía que primero tenía que conquistar a “la mamá”.
Se puso manos a la obra, consiguió
ganarse su confianza, su cariño. No fue tarea fácil, de ninguna manera, pero merecía la pena, al final “el trofeo”
sería suyo.
Y por supuesto que lo fue.
Daniel con toda su inteligencia, no
se dio cuenta nunca que había sido una marioneta en manos de su madre.
Carmela tampoco acertó a ver que
ahora era ella la marioneta y quien movía los hilos era Lucía.
Lucía había conseguido su propósito,
el trofeo era suyo, lo tenía en su casa para ella sola.
Carmela simplemente fue un
instrumento en sus manos y seguía siéndolo, era mucho mas practico tenerla de
su lado que plantarla cara.
ELOÍSA
17/10/2013