COMUNICACIÓN
Ya estoy de nuevo en esta ventana maravillosa que me
permite comunicarme con vosotros.
Hoy como cada domingo he estado en la Iglesia. Después
del culto hemos tenido la clausura de la Escuela Bíblica de Vacaciones.
Es una semana dedicada a ayudar a los padres que no tienen con quien dejar a
los niños, y de paso enseñar a los niños historias bíblicas. La clausura ha
sido emotiva y nos han demostrado la capacidad de los niños para aprender y de
los educadores para enseñar.
A las 13:00horas teníamos un aperitivo solidario especial
para dejar en suspenso esta actividad durante el verano. La hemos venido
realizando todo el curso, recogiendo así algunos fondos para ayudar a los más
necesitados
Juanjo había preparado una paella (estaba estupenda), a mí me ha servido de comida por que el
aperitivo era una buena ración, pan y bebida. Cuando he llegado a casa me he
tomado el café y algún dulce y lo que pensaba comer hoy será para mañana.
Pero no era esto lo que quería contaros.
Veréis. Estábamos sentados tres y uno enfrente y
charlábamos animadamente, yo miraba a un hombre que teníamos entremedias,
comiendo en silencio. Tengo que deciros que en la iglesia nos conocemos todos
unos más íntimamente y otros de vernos todos o, casi todos los domingos. Yo
pensaba, este señor no le conozco de nada y, me daba pena que estuviera con la
nariz pegada al plato sin mirar nada más que a sus granos de arroz (también
había un gambón, y otros tropezones, que no solo de arroz vive el hombre, a no
ser que sea” chino” ). En un momento dado le digo, ¡hola¡ has venido hoy por
primera vez a la iglesia o, discúlpame pero no te había visto, es que soy muy
despistada, a manera de disculpa.
Teníais que haber visto el cambio que se operó en el
semblante del interpelado. Era otro
hombre, nos contó que venía hace algún tiempo, pero que se sentaba en el último
banco y se iba enseguida, (que sensación de alivio para mí. No era culpa mía,
es que no podía haber reparado en el). Nos contó de donde venía, cuantos hijos
tenía, en que había trabajado, que en estos momentos estaba en paro, y un
montón de cosas más.
Me sentí bien conmigo misma, estaba haciendo lo que debía
hacer, preocuparme de mi prójimo, a veces no es fácil hacerlo, la timidez mía unida a la timidez de, en este caso Juan,
impide la comunicación, pero vencida
esta la alegría compartida de el conocimiento del otro ser con sus alegrías y
tristezas, y su necesidad de abrirse a los demás, nos llena de satisfacción.
Dios nos usa en diferentes formas y ocasionas si decidimos
darle la oportunidad de hacerlo.
Hoy yo le he dado esa oportunidad y no podéis imaginaros
lo alegre que me encuentro.
Muchos besos a todos los que podáis leerme, especialmente
a mi querida Rebeca que se que me lee y me comenta¡¡
Eloísa