PENSAMIENTO
Tengo que confesaros que no soy
disciplinada en mi lectura diaria de la Biblia.
Suelo abrir por cualquier libro, como pensando que
Dios me va a dirigir en aquello que necesito para ese momento.
Pero he cambiado de actitud, llevo unos
días que leo sistemáticamente todo un libro.
Ya he terminado con Hechos de los
Apóstoles. Muy interesante, he redescubierto algunos aspectos que tenía
olvidados.
Pero me quiero centrar en un versículo
que llevo varios días que me inquieta. Avanzo en la lectura del libro de
Romanos, pero antes echo una miradita atrás para releer el versículo uno del
capítulo dos.
Nos dice El Aposto Pablo: Por lo cual
eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que
juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tu que juzgas haces lo mismo.
¡Que interesante¡ ¡Que real¡
¿Lo habéis pensado alguna vez? Yo si
muchas veces.
Cuando se está en reuniones, charlando
tranquilamente oímos (nos oímos), comentarios sobre terceras personas que
generalmente no son alabanzas, simplemente le estamos juzgando por lo que hace
o, deja de hacer, por lo que dice o, deja de decir. Yo me doy cuenta que lo que
comenta uno de un tercero es lo mismo que él hace, de otra manera en otro
contexto pero con los mismos resultados. Que fácil es ver “la mota” en el ojo
ajeno y no ver “la biga” en el nuestro.
Eso es humano, solemos decirnos, para
salvar nuestra responsabilidad. Pero yo os animo, me animo a tratar de
corregirnos. No es fácil. Llevamos haciéndolo desde que el mundo es mundo. Pero
podemos intentarlo, poco a poco, dándonos cuenta de cuando y como lo hacemos.
Podíamos recriminar a los que lo hacen, pero para comenzar mejor que demos
ejemplo absteniéndonos de hacerlo nosotros. Sería un buen comienzo.
¡Os animo a hacerlo¡ Sería un estupendo
propósito para el año que viene.
En el versículo tres, del mismo capítulo
se nos dice:
¿Y piensas esto, oh hombre, tú que
juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás al juicio de
Dios?
Son palabras mayores las que nos cuenta
el aposto Pablo. Son directas, las entendemos todos.
Por lo tanto no sólo es ser mejores para
cambiar los malos hábitos de la sociedad, es mucho más imperioso más trágico.
¡Simplemente es para que el juicio de Dios no caiga sobre nosotros.
Eloísa
17/12/13