martes, 17 de diciembre de 2013

PENSAMIENTO



                                   PENSAMIENTO


Tengo que confesaros que no soy disciplinada en mi lectura diaria de la Biblia.  Suelo abrir por cualquier libro, como pensando que Dios me va a dirigir en aquello que necesito para ese momento.

Pero he cambiado de actitud, llevo unos días que leo sistemáticamente todo un libro.
Ya he terminado con Hechos de los Apóstoles. Muy interesante, he redescubierto algunos aspectos que tenía olvidados.

Pero me quiero centrar en un versículo que llevo varios días que me inquieta. Avanzo en la lectura del libro de Romanos, pero antes echo una miradita atrás para releer el versículo uno del capítulo dos.

Nos dice El Aposto Pablo: Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tu que juzgas haces lo mismo.

¡Que interesante¡ ¡Que real¡

¿Lo habéis pensado alguna vez? Yo si muchas veces.

Cuando se está en reuniones, charlando tranquilamente oímos (nos oímos), comentarios sobre terceras personas que generalmente no son alabanzas, simplemente le estamos juzgando por lo que hace o, deja de hacer, por lo que dice o, deja de decir. Yo me doy cuenta que lo que comenta uno de un tercero es lo mismo que él hace, de otra manera en otro contexto pero con los mismos resultados. Que fácil es ver “la mota” en el ojo ajeno y no ver “la biga” en el nuestro.

Eso es humano, solemos decirnos, para salvar nuestra responsabilidad. Pero yo os animo, me animo a tratar de corregirnos. No es fácil. Llevamos haciéndolo desde que el mundo es mundo. Pero podemos intentarlo, poco a poco, dándonos cuenta de cuando y como lo hacemos. Podíamos recriminar a los que lo hacen, pero para comenzar mejor que demos ejemplo absteniéndonos de hacerlo nosotros. Sería un buen comienzo.

¡Os animo a hacerlo¡ Sería un estupendo propósito para el año que viene.


En el versículo tres, del mismo capítulo se nos dice:
¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás al juicio de Dios?

Son palabras mayores las que nos cuenta el aposto Pablo. Son directas, las entendemos todos.

Por lo tanto no sólo es ser mejores para cambiar los malos hábitos de la sociedad, es mucho más imperioso más trágico. ¡Simplemente es para que el juicio de Dios no caiga sobre nosotros.

Eloísa  17/12/13